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Mamá, quiero vivir del cuento (o el negocio de ser una víctima)

Tras semanas de inactividad, mi desidia mental se ha visto removida por una noticia que me ha empujado irremediablemente a escribir en ¡Enciende la luz!. La noticia en cuestión es el “fichaje” del padre de Mari Luz como asesor de justicia del Partido Popular, el ex del PSOE se cambia de chaqueta con el propósito de endurecer el código penal. La víctima gana poder y el Partido Popular se aprovecha y gana votos. Sé que voy a hablar de un tema polémico, un asunto del que, por su sensibilidad, poca gente se pronuncia. Ser víctima se puede convertir en un negocio, bien para lucrarse, bien para entrar en política, el caso es que a cierta gente se le ha dado crédito para ser una voz a tener en cuenta, por la sencilla razón de haber sufrido una desgracia. Hablo sin generalizar, hablo de casos puntuales, no meto a todas las víctimas en el mismo saco, pero si auno a todas aquellas que sacan rédito de algún tipo por su condición de víctimas.

La semana pasada destaparon el caso de Lorena Candelario, supuesta víctima del 11-M y que El Mundo descubrió que no había viajado en los trenes y que fingiendo ser una víctima había conseguido la nacionalidad española, remuneración, una vivienda y una condecoración. El famoso caso del profesor Neira, posiblemente de los más mediáticos, fue encumbrado a la altura de héroe y voz a tener en cuenta, un nuevo mártir de la sociedad al que era necesario untar de pasta para que saliera en programas de telebasura. En todo esto tiene mucho que ver el circo mediático, sobre todo los programas de corazón y de tertulianos, que deshuesan la carnaza de cualquier tragedia para ganar audiencia, hay tortas por tener la exclusiva de una víctima y si ésta llora o clama venganza mejor, más share. El caso de Marta del Castillo, Sandra Palo o Mari Luz, son ejemplos de cómo ciertas televisiones se lucran a partir de la tragedia, ellos lo envuelven de información y nosotros nos comemos basura, son el McDonalds de los medios de comunicación.

A propósito de los casos de niñas desaparecidas/muertas/violadas que, no nos engañemos, es lo que más vende; ahí está el caso de Madeleine, el más mediático e internacional y el cual aún no se ha esclarecido. Los padres de la niña se han lucrado mediante entrevistas, exclusivas, etc. e incluso han llegado al punto de habilitar una Web Oficial, dónde comprar “souvenirs”, pulseritas, camisetas, hacer donaciones… es el macabro mercado del dolor. Pero no sólo sacan rédito económico, algunas víctimas también consiguen voz política o son utilizados por los políticos para ser su voz. No son pocas las ocasiones en la que hemos escuchado pedir a los padres de menores fallecidos/desaparecidos cambiar la ley del menor, cadena perpetua o directamente pena de muerte. A las víctimas hay que escucharlas, comprenderlas y apoyarlas; pero no se les debe dar la legitimidad de opinar y juzgar desde el dolor y la venganza. No se puede escuchar las reivindicaciones de una persona que ni es objetiva, ni está preparada para asesorar sobre justicia.

El caso más reciente es el de Juan José Cortés, padre de Mari Luz, afiliado en su momento al PSOE que cuando sucedió la tragedia dijo “estar satisfecho con el Gobierno de Zapatero y la dirección que había tomado”; más tarde coqueteó con UPyD ese partido transversal tan engañoso, que le ofreció ser el cabeza de lista en Huelva.  Tras esto, se hizo cabecilla antiabortista, para finalmente darse de baja del PSOE y entrar en el PP para asesorar a Rajoy en temas de justicia. Lo sangrante del tema es que, además de que el principal partido de la oposición da crédito a un hombre sin ningún tipo de conocimiento o cualificación para un asunto tan importante, Juan José Cortés pide que se desvincule su figura del caso de Mari Luz, siendo un señor cuya supuesta legitimidad política viene dada por haber sufrido la pérdida de su hija; si ésto no hubiera pasado, ni tendría voz en el mundo de la política, ni se le tomaría en serio y ojalá no hubiera pasado.

Nadie se cuestiona que hay gente que se aprovecha de su condición para lucrarse o ganar poder. Nos gustan las víctimas, las víctimas y sus asociaciones, sobre todo nos gustan las víctimas en los medios, hablando sobre leyes, clamando venganza, pidiendo el endurecimiento de las penas… Nos gusta que sea un lobby con poder mediático, que llenen las pantallas y que nuestros políticos las utilicen para legislar u opositar… El problema es que no se debe legislar desde la venganza, cuando la opinión nace del odio se convierte en sinrazón, no podemos dar voz a la sinrazón y, aunque hay que apoyar a las víctimas, no deberíamos dejar que tomen decisiones sociales o legales por el simple hecho de ser víctimas.

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El circo sigue, pero no cambian ni los payasos

Álex de la Iglesia decía hace poco en una entrevista, a propósito de su nueva película: Balada triste de trompeta, que España “sigue siendo un circo, sólo cambian los payasos”. Lo malo es que puede que tenga razón y lo peor es que a veces ni cambian los payasos. Es el caso del debate “que la sociedad española” supuestamente reclama y no es otro que el de la Cadena Perpetua. Estos últimos días la telebasura, ha vuelto a poner de actualidad el asunto a raíz del aniversario de la muerte/desaparición de Marta del Castillo y la detención de El Rafita. El poder de manipulación al que nos someten los medios de comunicación, propiciado por cierto sector de la sociedad española, es tal que en nuestro país ocurre una cosa muy graciosa: existe la percepción de que en España las penas son blandas y delinquir no sale caro, sin embargo, tenemos el Código Penal más duro de la Unión Europea, desde que se endureció éste Código en 1995 se ha duplicado el número de presos y somos los que más reclusos por habitante tiene de toda la Unión; todo ello con la singularidad de que, además, sufrimos una de las tasas de criminalidad más bajas de Europa, con datos ínfimos en asesinato o robo con violencia.

Los payasos no han cambiado, el contexto tampoco y mucho menos los argumentos. ¡Enciende la luz! ya expuso los suyos hace un año, siguen vigentes, manda: Cadena Perpetua al 7777

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Manda “Cadena Perpetua” al 7777

El reality show que el circo televisivo se ha montado alrededor de la muerte de Marta del Castillo, ha abierto un debate en la sociedad acerca de la cadena perpetua. Los padres de la sevillana, inmersos en su dolor, han pedido que se instaure la cadena perpetua para este tipo de delitos. Carnaza fresca para la telebasura de Telecinco y cia que en unas semanas han realizado varios especiales amarillistas y decenas de debates en los cuales famosillos y “expertos” intercambian ideas vacías que hacen un flaco favor a la inteligencia pero que engorda el share cosa bárbara.

Es pernicioso que la justicia se mueva como una veleta movida por el viento de los últimos acontecimientos, no se puede legislar por venganza. Las víctimas no pueden legislar, no pueden porque no son objetivas y piensan en caliente, con las heridas aún abiertas y para legislar hay que reflexionar, reflexionar mucho. El endurecimiento de penas no puede ser al libre albedrío. Todo el mundo, generalizando, reclama penas más duras; pero, cuando sentencian a un chaval con la cárcel por robar una pizza ponemos el grito en el cielo. Doble moral. Hace unas semanas una prostituta brasileña fue brutalmente golpeada por un supuesto cliente en Ourense, éste se deshizo del cuerpo arrojándola al río Ávila. Un caso calcado al de Marta del Castillo, pero esta vez la tragedia no era mediática y el furor de los grupos pro cadena perpetua se ha apaciguado. Otra vez la doble moral.

Se dice que la justicia española es blanda, sin embargo, tiene uno de los códigos penales más severos para castigar delitos relacionados con el terrorismo y la criminalidad organizada, en virtud de la Ley de cumplimiento íntegro y efectivo de las penas. Por esta ley, los presos condenados no pueden acceder al régimen de libertad condicional sin haber cumplido al menos 30 años de cárcel, a diferencia de la mayoría de países en los que se aplica la cadena perpetua que la revisión de la condena se fija en los 15 años, la mitad que en España.

El artículo 25.2 de la Constitución Española asegura que “las penas privativas de libertad y las medidas de seguridad estarán orientadas hacia la reeducación y reinserción social”. Las cárceles, por tanto, son consideradas centros de reinserción y reeducación, así lo contempla la constitución, la cadena perpetua sería una contradicción en sí misma. Los que están a favor de estas condenas no quieren justicia, quieren venganza. Está comprobado, además, que ni la cadena perpetua, ni la pena de muerte reducen el número de delitos sólo alimentan el “ojo por ojo”, vulneran la constitución y niegan la existencia de una segunda oportunidad. Si una persona queda recluida toda la vida se le está negando un derecho fundamental, hay que creer en la resocialización del individuo, por algo el humano es humano.

Gonzalo Ballesteros.

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