Cultura: el Che y el cine.

Médico, escritor, guerrillero, político y revolucionario argentino cubano. Para algunos un libertador, un hombre que luchó contra las injusticias sociales y por la libertad; para otros un asesino y un criminal. Levanta pasiones y no deja indiferente a nadie. No cabe duda que Ernesto Guevara, “el Che”, es uno de los iconos del siglo XX, aquel que Jean-Paul Sartre definió como “el ser humano más completo de la historia”.

Es de esperar que un personaje de tal calibre tenga un peso fundamental en la cultura. Ha sido una fuente de inspiración para escritores y compositores; existen numerosas poesías referidas a él, como Tristeza en la muerte de un héroe de Pablo Neruda; así como canciones entre las que destaca la mítica Hasta siempre Comandante de Carlos Puebla. En fotografía hay que citar obligatoriamente la llamada foto de Korda, una instantánea que se recuperó de un cajón siete años después de la muerte de Guevara para convertirse en la más famosa fotografía e icono del siglo XX.

cheHistóricamente el séptimo arte ha sido, quizá, algo rácano con una figura tan trascendental en nuestra era. Dejando a un lado el lamentable film Che! de Richard Fleischer, cuyo guión es un panfleto anticomunista, hemos tenido que esperar hasta el 2008 para que el tándem Steven Soderbergh – Benicio del Toro realice algo digno alrededor de la figura de Ernesto Guevara. El director norteamericano Steven Soderbergh ha realizado un biopic de Guevara algo ambiguo pero acertado, nos relata la historia del Che desde que conoce a Fidel Castro y se lanza con él hacia la revolución en Cuba hasta su muerte en Bolivia.

Originalmente la película constaba de una sola parte y así se proyectó en el festival de Cannes pero, dada la extensión de la cinta, por motivos comerciales se dividió en dos partes: Che: el argentino y Che: guerrilla. Guevara es un personaje complejo y polémico por eso una película sobre él se esperaba con escepticismo, la línea que separa lo objetivo de lo parcial es casi imperceptible en esta ocasión y más aún cuando se trata de un director norteamericano. Pero, un inteligente Soderbergh, que se basa en los diarios del propio Che para dar verosimilitud, guarda la distancia suficiente y obligada para conseguir darle credibilidad y objetividad al film llegando incluso a pecar de documental y didáctica. Esto aplica a la película un matiz un tanto frío, distante y deshumanizado, circunstancia que salva el propio Guevara con sus discursos solidarios, revolucionarios, empáticos, didácticos y éticos. Si hay algo irrefutable en Che: el argentino y Che: guerrilla es la idoneidad de que Ernesto Guevara sea encarnado por Benicio del Toro. Clava su personaje con una eficiencia proporcional a la dificultad del papel. Mickey Rourke y Sean Penn empequeñecen al lado del enorme del Toro. Está soberbio, le pone tal entrega y corazón a las palabras del Che que adquiere una magnitud épica, a la altura del mito.

Pese a la notable adaptación del personaje que ha hecho Soderbergh, es pretencioso pensar que podemos resumir el mito en cuatro horas de película. El Che fue un personaje de tal magnitud que haría falta un estudio profundo y delicado para llevar a la praxis el que seguramente fue el personaje mas apasionante e ilusionante del siglo XX. Una figura valiente, insobornable, invencible ideológicamente, indomable, implacable, impactante, admirable, una de esas personas que hacen más perfecta la raza humana.

La complejidad de Ernesto Guevara hace indispensable un conocimiento previo sobre su figura y su pensamiento antes de ver el film, para lo cual es recomendable ver Diarios de motocicleta de Walter Salles (basado de nuevo en diarios del propio Guevara). Dónde se narra la odisea que vivió Ernesto Guevara, cuando era un joven estudiante de medicina de 23 años, y que le llevó a recorrerse con un amigo el continente latinoamericano en motocicleta. Viendo esta película se puede comprender un poco mejor los motivos que llevaron al Che a dedicar su vida a luchar al lado de los oprimidos, a velar por la justicia y a perseguir una patria global que aflore lo mejor cada individuo. Él, más que nadie, creía en el amor y creía en el ser humano. El propio Guevara lo resume excepcionalmente cuando dijo aquello de que “el revolucionario verdadero está guiado por grandes sentimientos de amor: amor a la humanidad, amor a la justicia y amor a la verdad”.

Gonzalo Ballesteros.

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