Archivo mensual: febrero 2009

Frente al capitalismo: Panem et circenses.

Luego de varios días del cierre patronal, que no huelga, de los transportistas, salen a la luz los verdaderos motivos que mueven al sector. El precio del gasoil ha subido sí, hecho que de un tiempo a esta parte es tónica habitual. Por lo tanto… ¿qué ha cambiado para que sea ahora cuando se promueve el parón?. Hay crisis, pero hay crisis para todos.

El sector inmobiliario pide ayudas ahora que llegan las vacas flacas, tras estar años forrándose debido al boom inmobiliario llega la caída en picado y aunque se veía venir, ¿hay que prestar esas ayudas? En el sector del transporte una suerte de lo mismo: el verdadero motivo del cierre patronal no es la subida del gasoil, es la regulación del mercado.

Si el precio del carburante sube, el coste de los transportistas sube. Esto repercute en los clientes que contratan a los transportistas, que observan un encarecimiento en el precio del transporte. Como la subida es igual para todo el sector, los clientes pagan más. Consecuencias: La demanda baja debido al coste del transporte y los márgenes se recortan. ¿Qué ocurre ahora? Que al desajuste oferta-demanda hay que aplicar que el exceso de transportistas hace que los precios suban menos (para afrontar la competencia). En conclusión, la congelación del precio del transporte respecto a la subida del petróleo provoca la desaceleración del sector. Sufren las consecuencias de la crisis mundial. Y esto amigos, era de cajón: ¡Bienvenidos al Capitalismo!

Mientras tanto la sociedad, cual rebaño de borregos, asalta las gasolineras en busca de combustible. “Oh, santo cielo, ¡no queda gasolina en 10 km a la redonda!” ¿Tendrá algo que ver que hay colas de 2 horas para llenar el depósito?. En los supermercados escasean los productos primarios, razones: “Una mujer compra 90 litros de leche y otra 120 rollos de papel higiénico: temor a la escasez”(noticia de EuropaPress, ayer) Visto lo visto es normal que falte, la gente se vuelve histérica.

“Pan y toros”, remedio infalible.

Menos mal que siempre nos quedará el fútbol, la Eurocopa que estos días se celebra en los países alpinos, desconecta y aísla al rebaño de la cruda realidad que hay “ahí fuera”. En nuestro caso, la selección “vuelve a ilusionar”… lo de siempre. En las tertulias de los cafés se mezcla, la crisis, “el ZP” y Luis y los suyos, es lo que toca, hay que resignarse y disfrutar. De momento la “roja” cumple y aunque ya llegará el varapalo (¿o, no?), hasta entonces es el momento de estar unidos frente a la caja tonta para olvidarnos de lo que importa. Y es que ya lo dijo un poeta romano en el siglo I: “Panem et circenses”.

Gonzalo Ballesteros

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El patriotismo, pilar básico de la izquierda.

Soy patriota y mantengo una ideología definida de izquierdas. Lo soy en el sentido literal de la palabra, porque tengo afecto a los valores, a la cultura y a la historia de mi tierra natal. Soy patriota porque me enorgullece pensar que no hace mucho, hombres y mujeres lucharon para que yo naciera en un sistema democrático. Lo soy porque me mueve el mismo sentimiento que movió a los ciudadanos libres que defendieron la II República, y más tarde lucharon contra la represión franquista. Soy patriota porque amo a los pueblos que me rodean, porque comparto ese sentimiento con el inmigrante que se integra en la sociedad y porque el amor hacia mi patria no excluye la admiración a otras. Lo soy porque me engrandece la cultura vasca, la cultura catalana, la gallega, la andaluza, la castellana… y la de todos los pueblos que conforman este estado.

No tolero que se autodenomine patriota aquel al que le mueven sentimientos de insolidaridad. No es patriota quien, bajo el amparo de una bandera, invade una tierra, roba unos recursos e impone sus costumbres y a eso lo llama “democratizar”. El que se refugia en la patria como pretexto para aplastar a otros pueblos en pro de la “paz mundial”. No es patriota quien ejerce el imperialismo y mata a miles de civiles en guerras injustificadas e ilegales (si es que alguna guerra fuera legal) y a eso lo llama “daño colateral”. No comprendo a los hombres y mujeres que se refugian en el nacionalismo para excluir, discriminar y no compartir los valores culturales que su historia posee. La derecha nunca será patriota hasta que no comprenda, respete y tolere los valores y la historia que geográficamente les corresponde al crisol de culturas del país; y si lo hiciera ya no sería derecha.

Soy patriota porque el patriotismo no defiende la exclusión sino que proclama el amor a unos valores que llevados al máximo exponente pueden conseguir que mi estado sea la cuna de la solidaridad, la tolerancia, la integración y el mestizaje. Comparto el sentimiento patriota de amor y revolución que llevo a Ernesto Guevara a la liberación de Cuba y la hermandad de latinoamérica y repulso el sentimiento nacionalista de odio y exclusión que llevo a Mussolini, a Hitler y a Franco a sembrar el fascismo en Europa.

Quiero que mi patria sea compartida por el barcelonés, por el bilbaíno, por el madrileño y por el senegalés que llega aquí. No quiero heredar la patria del franquismo, del rencor, de la xenofobia, homofobia y demás valores de la derecha. Por consiguiente, tampoco la patria de los Borbones, ni la de cualquier otra dinastía que base su liderazgo en un supuesto poder divino. Quiero la patria democrática que se merecen los pueblos de este estado. Por eso, mi sentimiento patriota tiene como bandera la tricolor que representa el último sistema totalmente democrático que gozó este país.Como demócrata convencido, persigo una patria plural, solidaria y republicana.

Gonzalo Ballesteros.

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República y ateísmo, estado natural de la democracia.

La monarquía es una forma de gobierno de un estado en la que el cargo supremo es vitalicio y comúnmente designado según un orden hereditario. La democracia, por contra, es una forma de organización en la que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros y por tanto en la voluntad de estos.

Por consiguiente, analizando ambas definiciones desde un punto de vista objetivo, podríamos concluir que monarquía y democracia son términos autoexcluyentes, tanto que ninguno puede ser desarrollado en su máxima capacidad sin la ausencia del otro. En España, sin embargo, ambos sistemas conviven en la llamada monarquía parlamentaria. Un sistema de gobierno en el cual el parlamento ostenta la soberanía nacional de la cual el gobierno, elegido democráticamente, es responsable y por otro lado, la jefatura del estado se encuentra ligada a la Casa de los Borbones perteneciente a la dinastía de los Capetos.

La monarquía siempre ha estado amparada en un supuesto poder divino que ha mantenido a las dinastías siempre en el poder. Monarquía y religión, por tanto, han caminado siempre de la mano y han trabajado codo con codo para mantener la hegemonía del poder durante muchos siglos. En el siglo XXI queda obsoleta la idea de que el poder pueda estar legitimizado “por la gracia de Dios”, aún así el privilegio de las monarquías es apenas cuestionado y seguimos teniendo en la jefatura del estado a una persona inviolable que está por encima de la ley.

Chapman Cohen dixit “Los dioses son cosas frágiles; pueden ser asesinados con un atisbo de ciencia o una dosis de sentido común”, y haciendo una pequeña reflexión acerca de la historia de las religiones y aplicando “una dosis de sentido común” nos damos cuenta que todos los seres humanos somos ateos respecto a la mayoría de los dioses de nuestra historia y como dijo Richard Dawkins “algunos sólo vamos un dios más allá”. Por otro lado, siempre podemos hacer referencia al argumento del mal de Epicuro para demostrar la inexistencia de Dios. Una vez demostrada esta inexistencia, las monarquías caen por su propio peso y quedan totalmente deslegitimizadas historicamente.

En contraposición, observamos que el estado natural de la democracia es la república ya que todos los poderes recaen en la soberanía popular. La república es el único medio por el cual el estado puede aspirar a una completa realización de sus valores democráticos, tiene que desligarse de los Borbones, de la monarquía y de cualquier relación con sistemas antidemocráticos; así como desvincularse totalmente de la Iglesia y romper todos los contratos que mantiene el estado para actuar en coherencia a una sociedad moderna. Sólo con la proclamación de la III República, España podrá llevar al máximo exponente el sistema democrático justo, solidario y plural que ansía.

Gonzalo Ballesteros.

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