República y ateísmo, estado natural de la democracia.

La monarquía es una forma de gobierno de un estado en la que el cargo supremo es vitalicio y comúnmente designado según un orden hereditario. La democracia, por contra, es una forma de organización en la que la titularidad del poder reside en la totalidad de sus miembros y por tanto en la voluntad de estos.

Por consiguiente, analizando ambas definiciones desde un punto de vista objetivo, podríamos concluir que monarquía y democracia son términos autoexcluyentes, tanto que ninguno puede ser desarrollado en su máxima capacidad sin la ausencia del otro. En España, sin embargo, ambos sistemas conviven en la llamada monarquía parlamentaria. Un sistema de gobierno en el cual el parlamento ostenta la soberanía nacional de la cual el gobierno, elegido democráticamente, es responsable y por otro lado, la jefatura del estado se encuentra ligada a la Casa de los Borbones perteneciente a la dinastía de los Capetos.

La monarquía siempre ha estado amparada en un supuesto poder divino que ha mantenido a las dinastías siempre en el poder. Monarquía y religión, por tanto, han caminado siempre de la mano y han trabajado codo con codo para mantener la hegemonía del poder durante muchos siglos. En el siglo XXI queda obsoleta la idea de que el poder pueda estar legitimizado “por la gracia de Dios”, aún así el privilegio de las monarquías es apenas cuestionado y seguimos teniendo en la jefatura del estado a una persona inviolable que está por encima de la ley.

Chapman Cohen dixit “Los dioses son cosas frágiles; pueden ser asesinados con un atisbo de ciencia o una dosis de sentido común”, y haciendo una pequeña reflexión acerca de la historia de las religiones y aplicando “una dosis de sentido común” nos damos cuenta que todos los seres humanos somos ateos respecto a la mayoría de los dioses de nuestra historia y como dijo Richard Dawkins “algunos sólo vamos un dios más allá”. Por otro lado, siempre podemos hacer referencia al argumento del mal de Epicuro para demostrar la inexistencia de Dios. Una vez demostrada esta inexistencia, las monarquías caen por su propio peso y quedan totalmente deslegitimizadas historicamente.

En contraposición, observamos que el estado natural de la democracia es la república ya que todos los poderes recaen en la soberanía popular. La república es el único medio por el cual el estado puede aspirar a una completa realización de sus valores democráticos, tiene que desligarse de los Borbones, de la monarquía y de cualquier relación con sistemas antidemocráticos; así como desvincularse totalmente de la Iglesia y romper todos los contratos que mantiene el estado para actuar en coherencia a una sociedad moderna. Sólo con la proclamación de la III República, España podrá llevar al máximo exponente el sistema democrático justo, solidario y plural que ansía.

Gonzalo Ballesteros.

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1 comentario

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Una respuesta a “República y ateísmo, estado natural de la democracia.

  1. Asi tendria que ser.

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