¿Por qué el estado debe respaldar el botellón?

De un tiempo a esta parte se puede observar a lo largo y ancho de nuestro país la persecución que la sociedad y los políticos ejercen sobre una de las costumbres mas consolidadas de la juventud actual: el botellón. Para poner solución al problema, lo primero que tenemos que analizar es si este es tal. No nos engañemos el botellón no es una excusa para beber, o al menos no sólo eso, este fenómeno abarca una serie de valores y costumbres válidos que merecen, al menos, el consentimiento y reconocimiento por parte de las autoridades.

Los jóvenes de hoy aman el lujo, tienen manías y desprecian la autoridad. Responden a sus padres, cruzan las piernas y tiranizan a sus maestros.” Sócrates dixit. 24 siglos despúes esta frase podría referirse a los jóvenes de nuestro tiempo. La juventud no ha cambiado tanto y la manera crítica con la que la juzgan los adultos tampoco. Es decir, volvemos a lo de siempre, es mas sencillo criticar a la juventud en lugar de intentar entenderla. Tópicos del tipo “los jóvenes sólo piensan en emborracharse” o “sin alcohol no saben divertirse” resultan un poco hipócritas dichos por alguien que está apoyado en la barra del bar con una cerveza el mano o que después de cenar se sienta delante de la caja tonta con su puro y su copa de coñac. Eso por no hablar de la clase política, que por un lado impulsan leyes antibotellón y por otro, en la intimidad, se pimplan sin miramientos el vino de la tierra y luego creen tener derecho a opinar (era imposible no hacer referencia al ex-presidente José María Alcoho… perdón Aznar).

El botellón es una concentración de jóvenes, de amigos que se juntan los fines de semana, después de las clases, en sus momentos de ocio. Para charlar, conocer gente, escuchar música, ver viejos amigos, celebrar cumpleaños o simplemente hablar de como les ha ido la semana. No es una opinión, es un hecho. La controversia en todo este asunto es la sustancia que acompaña el evento: el alcohol. Hagamos un ejercicio de honestidad y cerciorémonos de un hecho que, por voluntad o por despiste, se nos escapa: el alcohol se encuentra tradicionalmente arraigado en nuestra sociedad. A lo largo de los años, en las reuniones de amigos el alcohol siempre ha estado presente. Por razones, a primera vista económicas (tomarse una copa o una cerveza en ciertos locales es un atraco) el tiempo ha hecho que se sustituya el bar de confianza o la discoteca de turno por la vía pública. Afortunadamente esto ha conseguido una mayor congregación de gente que a favorecido la socialización y la comunicación interpersonal entre los jóvenes.

Huelga decir que este fenómeno también tiene su cara negativa y sus inconvenientes por todos conocidos: La suciedad generada, los conflictos, las molestias a los vecinos… problemas que pese a la excesiva repercusión que se les da desde los medios, tienen solución. Y esta no pasa por la prohibición, acción recurrente de ciertos políticos cuando quieren abordar alguna cuestión controvertida y en vez de solucionar el problema optan por lo sencillo cortar de raíz y negar la evidencia del mismo.

Si en una ciudad se prohibe la práctica del botellón es ingenuo pensar que los jóvenes van a dejar de practicarlo. El ingenio y la clandestinidad toman en estos casos protagonismo para poder ejercer lo que debería ser un derecho pero esta visto como una práctica ilegal. La desbandada de jóvenes para huir de las multas desmedidas consigue que los minibotellones broten en cualquier callejón o esquina de la ciudad, resultado: ambulancias recorriendo de punta a punta la ciudad, suciedad y deshechos repartidos por cualquier lado y la policía ocupada jugando al ratón y al gato en lugar de centrarse en lo verdaderamente importante.

Es obvio que todos estos problemas se pueden solucionar si el Estado y los ayuntamientos respaldan y apoyan el botellón. Concentrar a toda la gente que ejerce esta práctica en un único lugar común genera ventajas para todos. Por una parte, los beneficios para los jóvenes, mencionados antes, y por otra parte el hecho de concentrar esta práctica en una sola plaza o calle supone que las asistencias sanitarias pueden ofrecer un servicio mas rápido y eficaz, las fuerzas de seguridad del estado pueden controlar la situación con un menor número de efectivos y los servicios de limpieza mantienen todos los residuos concentrados para una mejor recogida.

Por tanto, el Estado tiene que hacer un ejercicio de comprensión. Debe analizar esta costumbre de la juventud actual y habilitar en el centro de las ciudades, un lugar apropiado para realizar el botellón ya que supondrá un avance en el desarrollo y control de esta práctica por el bien de todos. El centro de las ciudades debe convertirse en un espacio común para que ciudadanos y ciudadanas, sin ninguna clase de discriminación, puedan disfrutar de un lugar común donde encontrarse, comunicarse, culturizarse y divertirse.

Gonzalo Ballesteros.

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